La escultura El Vigilante, creada por Jorge Marín, se erige sobre la autopista México-Pachuca como un símbolo que debía representar la protección para Ecatepec. Sin embargo, tras casi una década desde su inauguración, la realidad de la zona ha contrastado marcadamente con el simbolismo que la obra intenta transmitir. Con sus 25 metros de altura y un diseño que recuerda a un ángel, la escultura fue concebida para ser un punto de referencia y un espacio de contemplación. La interacción entre la obra y la comunidad ha evolucionado, convirtiendo a El Vigilante en un icono urbano que, paradójicamente, observa una de las áreas con mayores niveles de percepción de inseguridad en el país, como lo señala la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). A pesar de que inicialmente se esperaba que cumpliera una función de conexión cultural, su acceso ha sido restringido, limitando las oportunidades para que los espectadores se relacionen con ella de manera más directa. Hoy, la escultura refleja no solo las aspiraciones artísticas de su creador, sino también las complejidades y contradicciones que enfrenta Ecatepec, desde el crecimiento poblacional hasta la inseguridad. Así, El Vigilante ha adquiriendo nuevos significados, transformándose en un símbolo de las esperanzas y frustraciones de sus habitantes.

