Joshua Lederberg, quien recibió el Premio Nobel de Medicina en 1958, destacó que los virus representan una amenaza constante para la humanidad. Su afirmación se ha reproducido en múltiples ocasiones, especialmente con el surgimiento de la pandemia de COVID-19, que sirvió para resaltar la vigencia de sus preocupaciones. A pesar de que muchos creían en el triunfo de la medicina frente a las enfermedades infecciosas, Lederberg advirtió que tanto virus como bacterias tienen la habilidad de evolucionar y adaptarse.
Durante su carrera, Lederberg observó que con el aumento de la movilidad global y el intercambio de mercancías, el riesgo de propagación de nuevos virus también se incrementó. En 1989, organizó la conferencia «Emerging Viruses», que discutió la aparición de nuevos virus contagiosos. La frase icónica de Lederberg no fue una predicción, sino una advertencia sobre la naturaleza adaptable de los microorganismos. Este principio se ha manifestado en múltiples crisis de salud pública a lo largo de las últimas décadas, incluida la influenza A(H1N1) que afectó a México en 2009.
La experiencia reciente ha reforzado la ideología de que la vigilancia y el diagnóstico son fundamentales para anticipar futuros brotes. Las lecciones aprendidas resaltan que la salud pública debe permanecer alerta y proactiva ante la constante evolución de los virus.

