Carlos Bremer, reconocido empresario en México, comparte que su filosofía de vida se originó de un fracaso temprano en su carrera. A los 12 años, después de ganar dinero revendiendo calculadoras, intentó abrir un salón de videojuegos inspirado en los arcades de Estados Unidos. Sin embargo, la realidad fue diferente y su negocio resultó ser un fracaso. Bremer aprendió la lección fundamental de que siempre es necesario tener un Plan B. Esta filosofía se puede percibir como una preparación ante la incertidumbre inherente en cualquier iniciativa empresarial.
Aunque su primer intento comercial no tuvo éxito, esto no lo desanimó; en lugar de eso, encontró nuevas oportunidades organizando viajes a Disneyland. Su enfoque adaptativo le permitió no sólo superar su fracaso inicial, sino también fundar una de las firmas financieras más importantes de México, y convertirse en un inversionista reconocido en el programa Shark Tank México.
La psicológica detrás de su enseñanza se relaciona con dos fenómenos: el sesgo de exceso de confianza y la falacia de planificación, que indican cómo las personas sobreestiman sus probabilidades de éxito mientras subestiman los riesgos. Bremer invita a los emprendedores a reconocer que la incertidumbre es parte del proceso y a prepararse para la posibilidad de que sus planes iniciales no funcionen como esperaban.
El contexto empresarial mexicano también refleja la importancia de adaptarse a un entorno cambiante. La mayoría de los negocios en el país son micro y pequeños, lo que hace que la flexibilidad sea aún más crucial. La capacidad de ajustar el rumbo frente a cambios del mercado es esencial para la supervivencia de una empresa, destacando la gran relevancia de la filosofía de Bremer: no sólo es necesario tener un plan, sino también estar preparado para alterarlo cuando sea necesario.

