Alejandro González Iñárritu, reconocido cineasta mexicano, aborda el fenómeno de la migración desde una perspectiva profundamente personal. En una reciente entrevista, Iñárritu afirmó: «Migrar es morir un poco, es dejar algo. Requiere integración», señalando que el acto de migrar transforma no solo el lugar de residencia, sino también la identidad misma del individuo. A lo largo de su carrera, ha explorado esta temática a través de su filmografía, especialmente en obras como ‘Bardo’, donde esta reflexión se vuelve más evidente. El director enfatiza que su experiencia, aunque privilegiada, no se puede equiparar al sufrimiento de aquellos que migran por necesidad, enfrentándose a la pobreza o la violencia. Sin embargo, subraya que cualquier migrante debe enfrentarse a la pérdida de un modo de vida, de relaciones y, en consecuencia, de una parte de su identidad. Este tema del desarraigo y la búsqueda de pertenencia resuena fuertemente en su obra, especialmente en el contexto mexicano, donde millones de compatriotas viven en el extranjero. El duelo migratorio, como lo describe el psiquiatra Joseba Achotegui, se manifiesta en la lucha de aceptar y adaptar estas pérdidas, mientras se mantiene un vínculo con el lugar de origen. Iñárritu concluye que migrar implica aprender a coexistir con las partes de uno mismo que permanecen en el país natal, construyendo así una identidad que, aunque fragmentada, es rica y diversa.

